Quizás como respuesta al nutrido alimento artístico que recibí desde niño;
Quizás porque mi entorno, entre arquitectura emblemática y naturaleza exultante, ya me hablaban del color, la luz, la forma, la vida, la expresión…
Quizás porque estuviera tatuado en mi destino…
Sea como fuere, a los 22 años, en pleno apogeo de mi carrera de Arquitectura, descubro una potente vocación pictórica y escultórica y, de pronto, descubro que, sin conocer el origen ni pensar en el futuro, cuando pinto, cuando esculpo, cuando creo y produzco una obra de arte, mi presente se intensifica..y me siento en plenitud…feliz, completo …con mis manos repletas de color..
Algunos lo llaman madurez y otros regreso a la infancia…
